El BID llama a América Latina a mejorar la calidad de sus exportaciones

El valor de las exportaciones de América Latina y el Caribe creció 12,2% en 2017, hasta los 981,8 mil millones de dólares. Fue la primera subida en cuatro años, un periodo negro para el comercio regional que ahora parece recuperarse poco a poco, según los datos que recoge el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en su Monitor de Comercio Exterior e Integración 2018. La subida se mantuvo en el primer semestre de 2018, aunque se desaceleró a 9,7%. Se trata, en cualquier caso, de una buena noticia, pero el Banco advierte que no debemos caer en el optimismo. Como ya ocurrió en el pasado, la expansión se debió más a un aumento de los precios (6,8%), que de las cantidades (4,9%). El diagnóstico del BID es que América Latina padece un déficit crónico de calidad de sus productos que le ha hecho perder protagonismo en el comercio mundial. La subida de los últimos 18 meses oculta que los problemas estructurales están lejos de resolverse.

“No debemos dar una lectura exitista de estos resultados, porque los precios están empezando a bajar y los volúmenes exportados se desaceleran. En el informe planteamos cómo acceder a metas de crecimiento a largo plazo. El tema es el salto de calidad, ver cómo los países posicionan sus productos en los segmentos más altos”, dice Paolo Giordano, coordinador del informe presentado hoy en Buenos Aires. El BID no descree de la vieja teoría de las ventajas comparativas, esto es que los países con recursos naturales no deben insistir en una industrialización forzada que muchas veces tiene más costos que beneficios. Para América Latina, entonces, no es un error estratégico concentrar sus esfuerzos en lo que más tiene: materias primas. El desafío es dar valor a esos recursos para apuntar a los mercados premium, aquellos donde se paga más. “Por eso hablamos de sofisticación y no de industrialización”, dice Giordano.

Los casos exitosos demuestran los beneficios de aspirar a los segmentos de mayor calidad. Uruguay coloca su carne, un producto poco sofisticado, en los segmentos más altos y el café colombiano se paga hasta 20 veces más que uno de baja calidad. Chile se ha posicionado muy bien con el cobre, su producto estrella, pero también con el vino o la madera. Con todo, son casos aislados. Argentina y Brasil, por ejemplo, tienen una estructura productiva similar a la de Australia, pero venden la soja y el mineral de hierro a precios mucho más bajos. El BID advierte en su informe que “a pesar de que los índices de calidad de la región han aumentado en algunos sectores primarios, la brecha con los competidores globales es amplia. Los productos de calidad superior representan solo un tercio del valor de las exportaciones de América Latina y el Caribe, mientras que en Asia alcanzan los dos tercios”.

Qué debe hacer entonces la región para no perder aún más espacio en el comercio internacional? Dar “un salto en la sofisticación del sector externo”, dice el informe del BID. La estrategia debe atender dos frentes: el doméstico y el regional. En el primero “hay un entramado institucional, de prácticas de certificación y de apoyo para la identificación de nichos. No basta con tener calidad si no está certificada”, dice Giordano. En el segundo nivel, “observamos que América Latina vende sus productos más sofisticados en forma intrarregional, pero ha perdido competitividad dentro de ese mercado. Por eso proponemos relanzar la integración regional. Hay más de 30 acuerdos y cada uno tiene su propio régimen de origen”, explica. En resumen, más calidad y mayor integración.

Los cambios urgen. En lo que va de 2018 ya se escuchan las alarmas de una nueva desaceleración del comercio, producto de la persistente apreciación del dólar y la guerra comercial entre EEUU y China. Y con precios más bajos, el comercio en América Latina caerá, una vez más. El escenario no es, además, el más propicio para la integración, el segundo punto de atención del BID. Mientras Donald Trump cierra las fronteras de EEUU, el triunfo de Jair Bolsonaro en Brasil ha generado dudas sobre el compromiso de la mayor economía de la región hacia el Mercosur y el resto de sus socios americanos. Desde el BID, Giordano llama a esperar qué hará realmente Bolsonaro una vez que llegue al poder y ya no esté condicionado por la campaña. Puede que las necesidades comerciales se impongan a los discursos.

Fuente: El País